El insomnio es uno de los problemas de sueño más frecuentes y puede tener consecuencias que van más allá de las dificultades para dormir. Una revisión narrativa reciente señala que el trastorno de insomnio, que afecta aproximadamente al 10-20 % de los adultos, se relaciona con un mayor riesgo de depresión, problemas cardiovasculares y metabólicos, deterioro cognitivo y dificultades en el funcionamiento laboral. Asimismo, diferentes estudios han estimado un importante impacto económico asociado al absentismo, la reducción de la productividad y los costes sanitarios. La revisión destaca, además, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) como una intervención eficaz y con resultados favorables en términos de coste-efectividad.
El insomnio puede convertirse en un problema persistente
El insomnio no se limita a una dificultad ocasional para conciliar o mantener el sueño. El trastorno puede incluir problemas para iniciar el sueño, despertares durante la noche o despertar precoz, acompañados de consecuencias durante el día.
Según la revisión, las estimaciones de prevalencia dependen de los criterios empleados. Un metaanálisis publicado en 2025 encontró una prevalencia del trastorno de insomnio del 12,4 % cuando se establecían los criterios diagnósticos mediante entrevista y del 16,3 % cuando se utilizaban criterios basados en autoinformes. Las estimaciones obtenidas mediante cuestionarios fueron más variables.
La persistencia constituye otro elemento relevante. Los estudios epidemiológicos revisados señalan que el insomnio puede mantenerse durante periodos prolongados y que, en numerosos casos, coexiste con otros problemas de salud.
Uno de los modelos utilizados para explicar esta evolución es el modelo de las 3P, que distingue entre factores predisponentes, acontecimientos precipitantes y factores perpetuantes. Estos últimos incluyen determinadas conductas y cogniciones que pueden contribuir al mantenimiento del problema, como permanecer demasiado tiempo en la cama o preocuparse por no poder dormir.
La hiperactivación constituye uno de los principales modelos explicativos
La revisión señala la hiperactivación como uno de los principales modelos fisiopatológicos del insomnio. Este concepto hace referencia a un nivel elevado de activación cognitiva, fisiológica y emocional que puede dificultar la transición normal hacia el sueño.
Desde esta perspectiva, la preocupación por dormir y la propia experiencia de no poder hacerlo pueden contribuir a mantener un estado de activación que interfiere con el descanso. El modelo de las 3P complementa esta explicación al integrar la vulnerabilidad individual, los acontecimientos que desencadenan el problema y los factores que contribuyen a mantenerlo.
La revisión también recoge la existencia de diferentes perfiles de insomnio. En particular, distingue entre las personas con insomnio que presentan una duración objetiva del sueño especialmente reducida y aquellas que mantienen una duración normal del sueño. El primer perfil se ha relacionado con una mayor activación fisiológica y con diferentes problemas de salud, aunque los autores señalan que la duración objetiva del sueño puede variar entre noches.
El insomnio se relaciona con un mayor riesgo de depresión
Una de las asociaciones analizadas con mayor detalle es la existente entre insomnio y depresión. La revisión recoge diferentes estudios longitudinales y metaanálisis que han encontrado una asociación entre la presencia de insomnio y la aparición posterior de episodios depresivos.
Uno de los metaanálisis incluidos, basado en 21 estudios longitudinales, encontró una odds ratio de 2,60 para la aparición posterior de depresión entre personas con insomnio que no presentaban depresión al inicio del seguimiento. Otro metaanálisis posterior, que incluyó 34 estudios prospectivos de cohortes, encontró un riesgo aproximadamente dos veces mayor.
Estos resultados no significan que el insomnio sea, por sí mismo, la causa de la depresión. Sin embargo, el carácter longitudinal de buena parte de esta evidencia ha llevado a plantear que las alteraciones persistentes del sueño podrían constituir un factor de riesgo relevante dentro de los procesos que intervienen en diferentes problemas de salud mental.
La relación también se extiende a la ansiedad. La revisión señala que los problemas de ansiedad y depresión aparecen estrechamente relacionados con una peor calidad del sueño y con conductas que pueden favorecer la persistencia del insomnio.
También se observa una asociación con problemas de salud física
La revisión recoge asociaciones entre el insomnio y diferentes problemas cardiometabólicos. Los estudios prospectivos analizados han relacionado los síntomas de insomnio con un mayor riesgo de hipertensión, mientras que diferentes metaanálisis han encontrado asociaciones entre determinados síntomas de insomnio y la aparición de enfermedades cardiovasculares.
También se ha observado una relación con la diabetes tipo 2. Un metaanálisis de diez estudios prospectivos, con más de 107.000 participantes, encontró un mayor riesgo de desarrollar diabetes entre las personas que presentaban dificultades para iniciar o mantener el sueño. La revisión señala, además, que esta asociación parece depender en parte del fenotipo del insomnio, ya que el insomnio acompañado de una duración objetiva del sueño reducida presenta un perfil metabólico diferente.
En cuanto al funcionamiento cognitivo, diferentes estudios longitudinales y metaanálisis han relacionado los problemas de sueño con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia. En uno de los estudios incluidos, cada incremento en un índice de síntomas de insomnio se asoció con un aumento del 5 % en el riesgo de deterioro cognitivo leve y de demencia.
La revisión también presta atención a la coexistencia entre insomnio y apnea obstructiva del sueño, conocida como COMISA. Según los estudios revisados, esta combinación se relaciona con una mayor presencia de problemas cardiovasculares, metabólicos y síntomas de ansiedad y depresión.
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio constituye el tratamiento de primera línea
Frente a esta acumulación de problemas asociados, la revisión destaca la terapia cognitivo-conductual para el insomnio como tratamiento de primera línea según las principales guías internacionales.
Un metaanálisis de 87 ensayos clínicos aleatorizados encontró efectos significativos de las intervenciones cognitivo-conductuales sobre la gravedad del insomnio, la eficiencia del sueño, la calidad del sueño, los despertares nocturnos y la latencia para iniciar el sueño. Los efectos fueron observados tanto en personas con problemas de salud concomitantes como en aquellas sin comorbilidad.
La revisión también analiza qué componentes de la TCC-I parecen contribuir en mayor medida a sus resultados. Un metaanálisis en red de componentes identificó efectos asociados con la reestructuración cognitiva, determinados componentes de tercera generación, la restricción del sueño y el control de estímulos.
Además, las intervenciones digitales podrían facilitar el acceso al tratamiento. Un ensayo realizado con trabajadores con insomnio y rumiación relacionada con el trabajo encontró que la TCC-I administrada por Internet redujo los síntomas de insomnio y los costes relacionados con el absentismo y el presentismo respecto al grupo de espera.
El impacto económico se concentra especialmente en la pérdida de productividad
La revisión plantea que una parte importante de los costes asociados al insomnio no procede directamente de las consultas o los tratamientos, sino de sus consecuencias sobre el funcionamiento cotidiano y laboral.
En un estudio realizado en Quebec, el coste anual total del insomnio se estimó en 6.500 millones de dólares canadienses. El 76 % correspondía a ausencias laborales y pérdida de productividad. En Estados Unidos, diferentes estimaciones han situado el coste anual total del insomnio en torno a los 100.000 millones de dólares, aunque las cifras varían según los métodos empleados y el periodo analizado.
Los estudios revisados también han encontrado que las personas con insomnio presentan más días de baja productividad y mayores dificultades de concentración que quienes duermen adecuadamente. El llamado presentismo, es decir, la pérdida de rendimiento mientras la persona permanece en su puesto de trabajo, también aumenta con la gravedad del insomnio.
Por tanto, el impacto del insomnio no se limita a las horas de sueño perdidas. También puede afectar al funcionamiento diurno, al rendimiento laboral y a la calidad de vida.
La TCC-I podría constituir una intervención coste-efectiva
Otro de los aspectos analizados es la relación entre los costes del insomnio y los recursos necesarios para tratarlo.
La revisión recoge estudios de evaluación económica en los que las intervenciones psicológicas para el insomnio presentan resultados favorables. En un ensayo realizado con personas que utilizaban hipnóticos a largo plazo, el tratamiento psicológico mejoró la calidad del sueño, redujo el consumo de estos medicamentos y mejoró la calidad de vida, con una relación coste-efectividad favorable.
Asimismo, un ensayo de TCC-I guiada por Internet realizado con profesores encontró una elevada probabilidad de coste-efectividad desde la perspectiva social y sanitaria.
Los autores plantean, por ello, que ampliar el acceso a intervenciones psicológicas basadas en la evidencia podría contribuir a reducir parte de los costes asociados al insomnio. No obstante, esta interpretación debe distinguirse de la demostración directa de que tratar el insomnio prevenga enfermedades posteriores, una cuestión que requiere estudios específicamente diseñados para analizarla.
Los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta sus limitaciones
La revisión presentada es de carácter narrativo y se basa en la integración de resultados procedentes de estudios con diseños, poblaciones y periodos diferentes. Por tanto, los datos sobre asociaciones entre insomnio y otros problemas de salud no permiten asumir automáticamente relaciones causales.
De hecho, los propios autores señalan que serían necesarios nuevos estudios para determinar si el tratamiento del insomnio puede reducir la aparición posterior de depresión, enfermedades cardiovasculares o deterioro cognitivo. También consideran necesario desarrollar investigaciones sobre la aplicación de intervenciones digitales en el ámbito laboral y sobre la adaptación del tratamiento a los diferentes subtipos de insomnio.
Además, debe tenerse en cuenta que el trabajo utilizado como base para esta entrada es un preprint y todavía no ha sido sometido a revisión por pares.
En conjunto, la revisión plantea que el insomnio constituye un problema frecuente y potencialmente persistente, asociado con consecuencias relevantes para la salud y el funcionamiento cotidiano. Sus autores destacan especialmente el interés de la TCC-I como intervención eficaz y potencialmente coste-efectiva, aunque consideran necesario disponer de más evidencia para determinar hasta qué punto su tratamiento puede modificar la aparición de otros problemas de salud y reducir los costes sociales a largo plazo.
Referencia
Vasanthkumar, S. K. S. (2026). When insomnia becomes an economic disease: Linking phenotype, comorbidity, treatment, and societal cost—An evidence-based narrative review. Preprints. Preprint no revisado por pares.




