Un estudio realizado con casi 16.000 personas en Australia muestra que el 27% ha experimentado ataques de pánico y que el 4,4% ha cumplido criterios de trastorno de pánico. Además, la edad mediana de inicio del trastorno se sitúa en los 22 años, frente a los 30 años estimados en un estudio realizado en 2007.
Los ataques de pánico constituyen una experiencia relativamente frecuente en la población general. Sin embargo, en una parte de las personas pueden adquirir un carácter recurrente e inesperado y acompañarse de una preocupación persistente o de conductas de evitación, dando lugar al trastorno de pánico. Un estudio publicado en Depression and Anxiety ha analizado la frecuencia, las características y la evolución de estos problemas en la población australiana a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Salud Mental y Bienestar de 2020-2022.
¿Qué caracteriza a un ataque de pánico?
Los ataques de pánico consisten en episodios repentinos de miedo o malestar intenso que alcanzan su máxima intensidad en cuestión de minutos. Durante estos episodios pueden aparecer síntomas físicos, como sudoración, temblores, dolor o molestias en el pecho y náuseas, junto con síntomas cognitivos, como sensación de irrealidad, miedo a morir o temor a perder el control.
El trastorno de pánico implica algo más que experimentar ataques de pánico de manera ocasional. Se caracteriza por la presencia de ataques recurrentes e inesperados y, posteriormente, por una preocupación persistente ante la posibilidad de que vuelvan a producirse o por cambios significativos en la conducta para evitar situaciones, lugares o actividades que puedan desencadenarlos.
Esta distinción resulta relevante desde el punto de vista epidemiológico. Un ataque de pánico aislado no equivale necesariamente a un trastorno de pánico. De hecho, el estudio analiza ambas experiencias por separado.
Un estudio con casi 16.000 personas
La investigación fue realizada por investigadores de la Universidad de Sydney y utilizó los datos de la Encuesta Nacional de Salud Mental y Bienestar de Australia correspondiente al periodo 2020-2022.
La muestra estuvo formada por 15.893 personas de entre 16 y 85 años procedentes de hogares australianos. Los investigadores utilizaron además los datos de la encuesta nacional realizada en 2007, que había incluido 8.841 hogares, para analizar los cambios producidos durante los 13 años transcurridos entre ambas evaluaciones.
Los ataques de pánico y el trastorno de pánico se evaluaron mediante la versión del Composite International Diagnostic Interview desarrollada por el World Mental Health Consortium. Para mantener la comparabilidad con la encuesta de 2007, se utilizaron los criterios diagnósticos del DSM-IV. Los autores señalan que las características esenciales de los ataques de pánico se mantienen en el DSM-5, aunque existen algunos cambios en la conceptualización del trastorno de pánico que deben tenerse en cuenta al comparar los resultados con estudios basados exclusivamente en el DSM-5.
El 27% de la población ha experimentado ataques de pánico
Los resultados muestran que el 27,2% de los australianos había experimentado algún ataque de pánico a lo largo de su vida. La frecuencia era considerablemente menor cuando se consideraban periodos más recientes: el 10,7% había experimentado ataques durante los 12 meses anteriores y el 3,1% durante los 30 días anteriores.
El trastorno de pánico presentaba una frecuencia menor. El 4,4% de la población había cumplido criterios de trastorno de pánico a lo largo de la vida, mientras que el 2,7% los cumplía durante los 12 meses anteriores y el 1,1% durante los 30 días anteriores.
Los datos muestran, por tanto, una diferencia importante entre ambas experiencias: los ataques de pánico son relativamente frecuentes en la población, mientras que una proporción bastante menor desarrolla el patrón persistente y clínicamente significativo que caracteriza al trastorno de pánico.
La edad de inicio se sitúa alrededor de los 22 años
Uno de los resultados destacados del estudio es la edad de aparición del trastorno. La edad mediana en la que se cumplían por primera vez los criterios de trastorno de pánico fue de 22 años, aunque existía una amplia variabilidad individual. El riesgo acumulado estimado de desarrollar el trastorno a lo largo de la vida fue del 5,8%.
Esta edad es inferior a la estimada en investigaciones australianas anteriores. En los datos correspondientes a 2007, la edad mediana de inicio se había situado en torno a los 30 años. Los autores señalan que este descenso parece estar relacionado, al menos en parte, con la mayor frecuencia observada entre las cohortes más jóvenes. No obstante, subrayan que los datos no permiten determinar las causas de este cambio.
Mayor frecuencia entre los jóvenes y las mujeres
Los ataques de pánico y el trastorno de pánico fueron más frecuentes entre las personas jóvenes y entre las mujeres.
La diferencia resulta especialmente visible en el grupo de 16 a 24 años. En este grupo, el 37% había experimentado ataques de pánico a lo largo de la vida y el 5,9% cumplía criterios de trastorno de pánico durante los 12 meses anteriores.
Entre las mujeres de 16 a 24 años, la prevalencia a lo largo de la vida alcanzaba el 47,4% para los ataques de pánico y el 11,2% para el trastorno de pánico. En conjunto, las mujeres presentaban algo más del doble de probabilidades de experimentar ataques de pánico o trastorno de pánico que los hombres. The Descriptive Epidemiology of…
La frecuencia disminuía progresivamente con la edad. Por ejemplo, los ataques de pánico durante los 12 meses anteriores afectaban al 22,4% de las personas de 16 a 24 años, frente al 4% de las personas de 65 a 85 años.
Una elevada presencia de otros problemas psicológicos
El estudio también encontró una importante coexistencia entre el trastorno de pánico y otros problemas de salud mental.
Aproximadamente el 80% de las personas con trastorno de pánico durante los 12 meses anteriores presentaba al menos otro trastorno mental o relacionado con el consumo de sustancias. Entre los problemas que aparecían con mayor frecuencia se encontraban otros trastornos de ansiedad, la depresión mayor, la ansiedad social, la agorafobia y el trastorno de ansiedad generalizada.
La coexistencia era particularmente elevada con otros trastornos de ansiedad: el 73,4% de las personas con trastorno de pánico presentaba algún otro trastorno de ansiedad. También se observó una elevada frecuencia de trastornos afectivos.
Estos datos ayudan a situar el trastorno de pánico dentro de un contexto psicopatológico más amplio. La presencia de ataques de pánico puede aparecer junto a diferentes problemas emocionales y no constituye necesariamente un fenómeno aislado.
Casi la mitad de los casos presentaba una elevada afectación funcional
La relevancia clínica del trastorno también queda reflejada en su grado de gravedad.
Entre las personas con trastorno de pánico durante los 12 meses anteriores, el 45,4% se encontraba en la categoría de gravedad denominada “grave”, mientras que el 42,3% presentaba una gravedad moderada y el 11,4%, leve. La clasificación tenía en cuenta aspectos como la discapacidad funcional, la presencia de trastorno bipolar o antecedentes de intento de suicidio.
Además, las personas con trastorno de pánico presentaban un uso considerablemente mayor de servicios sanitarios. El 48,4% había consultado con algún profesional de salud mental durante los 12 meses anteriores y el 66,4% había contactado con algún profesional sanitario. The Descriptive Epidemiology of…
El trastorno de pánico aumentó respecto a 2007
La comparación entre las dos encuestas nacionales muestra un incremento de la prevalencia del trastorno de pánico durante los 12 meses anteriores: pasó del 1,8% en 2007 al 2,7% en 2020-2022. Sin embargo, el cambio no fue homogéneo entre todos los grupos de población.
Los investigadores observaron modificaciones especialmente relevantes en función de la edad, el sexo, el estado civil y el grado de urbanización. En el periodo 2020-2022, el trastorno de pánico presentaba una mayor frecuencia relativa entre las personas de 16 a 24 años, las mujeres, quienes nunca habían estado casados y quienes residían en zonas consideradas regionales interiores.
Los autores plantean diferentes posibles factores que podrían contribuir a explicar estas tendencias, entre ellos cambios en las relaciones sociales, el uso de las redes sociales y determinados hábitos relacionados con el sueño y la actividad física. Sin embargo, se trata de posibles explicaciones que requieren ser examinadas mediante estudios longitudinales y no pueden considerarse causas demostradas a partir de estos datos.
¿Pudo influir la pandemia?
La encuesta de 2020-2022 coincidió con la pandemia de COVID-19, un periodo caracterizado en Australia por restricciones, cambios en la vida cotidiana, dificultades económicas y distanciamiento social. Por ello, los autores consideran posible que estas circunstancias hayan influido en las estimaciones obtenidas.
No obstante, también señalan que resulta difícil determinar cuánto del incremento observado puede atribuirse específicamente a la pandemia. Además, revisiones sistemáticas previas han encontrado incrementos pequeños o moderados de algunos problemas emocionales durante la pandemia, mientras que otros estudios longitudinales sugieren que determinadas tendencias ascendentes en el malestar psicológico ya estaban presentes antes de 2020.
Un problema frecuente, especialmente durante las primeras etapas de la vida adulta
En conjunto, los resultados ofrecen una descripción actualizada de la epidemiología de los ataques de pánico y del trastorno de pánico en Australia. Los ataques de pánico aparecen como una experiencia relativamente frecuente en la población general, mientras que el trastorno de pánico afecta a una proporción menor, pero presenta una importante repercusión funcional y una elevada coexistencia con otros problemas psicológicos.
La concentración de una parte importante de los casos en edades jóvenes y la edad mediana de inicio de 22 años ponen de manifiesto la importancia de prestar atención a estas experiencias durante la adolescencia tardía y los primeros años de la edad adulta. Los datos, sin embargo, describen asociaciones poblacionales y no permiten establecer relaciones causales entre las variables estudiadas.
Limitaciones del estudio
Los investigadores señalan varias limitaciones. Las dos encuestas presentaron tasas de respuesta del 60% en 2007 y del 52% en 2020-2022, por lo que no puede descartarse completamente un sesgo de no respuesta. Además, los datos son fundamentalmente transversales y parte de la información sobre la historia de los participantes se obtuvo retrospectivamente, lo que puede introducir problemas de recuerdo.
La precisión también es menor en algunos subgrupos, especialmente entre las personas de mayor edad cuando se analizan acontecimientos ocurridos durante los 30 días anteriores. Finalmente, los autores subrayan que las asociaciones observadas no deben interpretarse como relaciones causales y que necesitan ser replicadas en investigaciones independientes.
El estudio proporciona así una fotografía epidemiológica actualizada del fenómeno en Australia, pero también pone de manifiesto la necesidad de investigaciones longitudinales que permitan comprender mejor cómo aparecen y evolucionan los ataques de pánico y el trastorno de pánico a lo largo de la vida.
Referencia
Sunderland, M., Jones, S., Henry, A., Chapman, C., Baillie, A., & Slade, T. (2026). The descriptive epidemiology of panic attacks and panic disorder in Australia 2020–22: Prevalence, correlates, age of onset and changes over time. Depression and Anxiety, 2026, 9977134. https://doi.org/10.1155/da/9977134.




