“Descubrimos que en más de 130 enfermedades cerebrales participa la PSE (Densidad Postpsináptica), eso es mucho más de lo esperado. Estas enfermedades influyen en patologías debilitantes comunes como Alzheimer, Parkinson y otros trastornos neurodegenerativos, así como epilepsias y enfermedades del desarrollo infantil, incluyendo formas de autismo y discapacidad en el aprendizaje”, explica Seth Grant, uno de los autores del artículo publicado en Nature Neuroscience.
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Las proteínas de la densidad postsináptica cumplen numerosas funciones, que van desde el anclaje y movimiento de receptores de neurotransmisores de la membrana plasmática, hasta el anclaje de varias proteínas reguladoras de la actividad de estos receptores.



